miércoles, 7 de noviembre de 2007

AL MARGEN DE MIS LIBROS DE ESTUDIO



Alguna vez Whitman escribió "Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido..."

A mí me ha pasado algo parecido. Varios años me obligué a creer que debía vivir para el derecho aunque la vida me demostraba que yo ahí nada tenía que hacer. Me aferré a la idea de una niña de once años que hace mucho decidió algo sobre lo que no tenía ni la más remota idea.

Hoy no me arrepiento, tuve un gran y divertido paso por La Universidad, conocí gente maravillosa a la que adoro y admiro, pero por encima de todo viví y aprendí mucho de toda la experiencia (y de paso un poco de derecho). Sin embargo, hoy recibí este poema y no pude más que conmoverme... Espero que mis amigos abogados no se ofendan si leen esto o que me acepten unas chelas si hay que reparar el daño... Seguro que son respetables las distintas maneras de asumir la vida, pero esta es la mía.

AL MARGEN DE MIS LIBROS DE ESTUDIO

I

Yo, que pensaba en una blanca senda florida,
donde esconder mi vida bajo el azul de un sueño,
hoy pese a la inocencia de aquel dorado empeño,
muero estudiando leyes para vivir la vida.

Y en vez de una alegría musical de cantares,
o de la blanca senda constelada de flores,
aumentan mis nostalgias solemnes profesores
y aulas llenas de alumnos alegres y vulgares.

Pero asisto a las clases puntualmente. Me hundo
en la enfática crítica y el debate profundo:
Savigny, Puchta, Ihering, Teófilo, Papiniano.

Así llenan y cubren esta vida que hoy vivo
la ciencia complicada del Administrativo
y el libro interminable de Derecho Romano.

II
Luego, en el mes de junio, la angustia del examen.
Pomposos catedráticos en severos estrados,
y el anónimo grupo de alumnos asustados
ante la incertidumbre tremenda del dictamen

que juzgará el prestigio de su sabiduría…
Aplaudir aquel triunfo que talento pregona,
y mirar cómo a veces el dictamen corona
con un sobresaliente una testa vacía.

Deshojar cuatro años esta existencia vana,
en que París es un sueño y es realidad La Habana;
gemir atado al poste de la vulgaridad,

y a pesar del ensueño de la luz en que me agito,
constreñir el espíritu sediento de infinito
a las angostas aulas de una Universidad.

III
¿Y después? Junto a un título flamante de abogado,
irá el pobre poeta con su melancolía
a hundirse en la ignorancia de alguna notaría
o a sepultar sus ansias en la paz de un juzgado.

Lejos del luminoso consuelo de la rosa,
de la estrella, del ave, de la linfa, del trino,
toda la poesía en mi anhelo divino
será un desesperante montón de baja prosa.

Y pensar que si entonces la idealidad de un ala
musical en la noche de mi pecho resbala
o me cita la urgente musa del madrigal,

tendré que ahogar, señores, mi lírica demencia
en los considerados de una vulgar sentencia
o en un estrecho artículo del código penal…

Nicolás Guillén
1922

2 comentarios:

La Vania dijo...

La buena noticia es que "se puede vivir"...

Sebastián dijo...

Desde Chile mis saludos. Siempre es reconfortante saber que nunca se esta sólo en un sentimiento, es más con Nicolás, tu y yo al menos ya somos tres... Y quizas cuantos más. Gracias por enseñarme(nos) un pedacito de belleza. Saludos de nuevo!

Preguntando tal vez no llegues a Roma... pero a algún lugar llegarás...

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