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martes, 19 de mayo de 2009

De los cronopios que adoptan costumbres de los famas

Me sonríes como dulce del País de las Maravillas y yo, que a veces entro en la tierra buscando conejos blancos, no puedo más que resignarme y crecer, aunque las madrigueras después no sean capaces de ocultar que me encontré contigo y tenga que vivir en esa dispersión que me delata.

Tal vez si no me derritiera, si no quedara esparcida, derramada, sería más fácil recuperar los pedazos que dejas de mí y que erosionas sin darte cuenta; pero cuando te acercas soy suave y soy dulce, como la miel o la cera.

Te marchas y siempre dejas el abrigo, como si hallarlo fuera el pretexto que necesitas para volver. Yo, mientras, soy como un fama envuelto en su sangre y su tristeza.

lunes, 6 de abril de 2009

Un día lo quise de verdad...

Hace más de un año terminó conmigo y desde entonces no sé nada de él. Me dijo que yo había elegido una vida libertaria que él no podía pedirme que dejara pero que tampoco quería vivir conmigo.

Entonces me pareció una gran oportunidad para cerrar por fin el ciclo de una relación que habría tenido que terminar mucho tiempo antes y lo acepté sin problemas, aunque debo reconocer que unos días después me enojé y me ardí muchísimo porque la decisión no fue mía.

En estos días pienso mucho en él y muy probablemente se debe a que en unos días cumpliríamos siete años juntos. Tal vez es sólo porque cuando va pasando el enojo uno se acuerda más de las cosas lindas y se va haciendo inevitable la nostalgia.

La verdad es que resulta triste pensar que estoy mejor sin él y siempre pega en el ego saber que seguro él también está mejor sin mí.

Ahora que le doy tantas vueltas a los ciclos de las relaciones y al inevitable final que sigue a todos los principios, sigo creyendo que ha sido un gran paso alejarnos de la inercia y el confort. No obstante, sigue siendo triste saber que un día lo quise de verdad y dejamos que se desgastara tanto que hace más de un año no sabemos uno del otro y ni siquiera se debe a un dolor que lo justifique...

viernes, 15 de agosto de 2008

La palabra

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de "rosa" está la rosa
y todo el Nilo en la palabra "Nilo".
El Golem, J.L. Borges.



DESPUÉS de mucho tiempo sin escribir, un encuentro casual con el disco que grabaron juntos Pedro Guerra y Ángel González me da algo qué decir y me trae de vuelta.
La palabra en el aire me conmueve, me hace pensar en la belleza, y en la magia de las palabras.
González lee su poesía y cuando nombra a las rosas yo recuerdo a Borges, a Nothomb y a Saint-Exupéry -aunque más a Borges- y mis ojos tiemblan como los de Remi al ver que lo que un día se encuentra en su nombre, otro día puede estar tan lejos que la invocación ya no alcance.
Tal vez no se acaba la magia evocadora sino el placer en el recuerdo y el nombre ahora es un dolor de bolsillo.
Yo tuve una rosa, ahora sólo su nombre.

A veces, un cuerpo puede modificar un nombre

A veces, las palabras se posan sobre las cosas como una mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos.
Sin embargo, cuando pienso en tu nombre, eres tú quien le da a la palabra color, aroma, vida.
¿Qué sería tu nombre sin ti?
Igual que la palabra rosa sin la rosa:
un ruido incomprensible, torpe, hueco.
Ángel González.









Preguntando tal vez no llegues a Roma... pero a algún lugar llegarás...

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